No hay curso en que llegue un momento en que alguno de mis alumnos (normalmente alumnos de 4º ESO que están conmigo por primera vez) me haga esta pregunta. Más bien la pregunta tiene otra expresión… ¿para qué sirve “esto”? Mi respuesta, indefectiblemente, es otra pregunta… ¿a qué te vas a dedicar? Y siempre, excepto en un par de posibles respuestas, consigo que entiendan la utilidad de las matemáticas (me resulta complicado hacérselo ver si me dicen que quieren estudiar derecho o filología).

Decir que las matemáticas nos rodean no es una exageración. Allí donde mires alguien ha utilizado las matemáticas de una u otra forma. Y no hablo de las matemáticas que los científicos puedan utilizar para comprender el Universo (tarea imposible sin esta maravillosa herramienta), sino las utilizadas en aspectos más mundanos. Por ejemplo, los pupitres en que están sentados los alumnos tienen un diseño salido de la mente de un creativo, pero luego pasa por una mente matemática que va a modificar el diseño de forma que el producto sea lo más económico posible, lo más fácil posible de almacenar y transportar e, idealmente, que dure lo más posible. Y esto lo podemos aplicar a cualquier producto de nuestro entorno, desde la camiseta que llevamos puesta hasta el vehículo que conducimos.

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…en matemáticas hay una rama llamada “teoría de colas”.

 

Pero no sólo ahí están las matemáticas, sino también en sitios más insospechados. Por ejemplo, si vamos a unos grandes almacenes, no pensemos que los productos están colocados de forma arbitraria o con un orden cuya única finalidad es que el comprador los encuentre (tal vez sea mejor que no lo encuentre rápidamente y así pueda ver otros productos que ni tan siquiera sabía que quería). Hay unas matemáticas detrás de dicha organización.  Si conseguimos llegar a la línea de caja con el producto que buscábamos (y otros siete productos que no sabíamos que queríamos… e incluso todavía no sabemos si los queremos o no) nos encontramos con que nos han cambiado la forma de acceder a las cajas… ya no nos dejan decidir quién nos va a atender sino que una voz metálica nos envía a una determinada caja. ¿Quién ha decidido esto? Sólo deciros que en matemáticas hay una rama llamada “teoría de colas”. Cuando los productos (todos marcados con un código de barras… código numérico… matemáticas) ya están metidos en las bolsas, nos toca pagar. Sacamos una tarjeta de plástico (curiosamente las proporciones de dicha tarjeta siguen un número muy concreto llamada número áureo) y marcamos un código en una máquina. Con ese simple gesto está realizado el pago. Pero lo que ha posibilitado esto es un verdadero ejército de matemáticos que, estudiando los números primos, algo tan aparentemente alejado de la economía, han diseñado un sistema criptográfico que vela por la seguridad de nuestra economía.

Y así podríamos seguir de forma incansable. E incluso las matemáticas están donde no se dejan ver porque no hay una mente matemática detrás. Por ejemplo, las abejas hacen sus panales con celdas hexagonales, no cuadradas, ni triangulares… hexagonales porque es la teselación matemáticamente más eficiente. El que veamos algo bello o no, tiene detrás unas matemáticas relacionadas con el número áureo antes mencionado. Esto bien lo sabía el gran Leonardo y lo utilizaba en gran parte de sus cuadros. E incluso en la comunicación están las matemáticas. Porque… ¿cómo comunicarnos con unos supuestos seres extraterrestres de los que no sabemos absolutamente nada? ¿en qué idioma hacerlo? En el universal lenguaje de las matemáticas. Así, el proyecto SETI (de verdad, no es ciencia ficción, hay un grupo de científicos intentando comunicarse con seres extraterrestres) utiliza matemáticas para enviar mensajes con la esperanza de que alguna mente extraterrestre pueda recibirlo.

el proyecto SETI (de verdad, no es ciencia ficción, hay un grupo de científicos intentando comunicarse con seres extraterrestres) utiliza matemáticas para enviar mensajes con la esperanza de que alguna mente extraterrestre pueda recibirlo.

Así que, parafraseando al gran Hemingway, no preguntes para qué sirven las matemáticas… sirven para ti.

            Y de las matemáticas de la música, hablamos otro día.

Por Álvaro Marcos

Profesor de Matemáticas y Física